Mucha defensa, poco sentido

MARINA RIVAS

La victoria (78-65) de un Real Madrid que tira de galones complica, aún más, las opciones de un insuficiente Obradoiro cara al ‘playoff’

Lo que muchos atisbaban como un simple partido liguero, con un Real Madrid cómodamente asentado en el liderato y un Monbus Obradoiro que arrastraba dos derrotas consecutivas en la competición, acabó desconcertando a más de uno de los allí presentes. Al menos, durante el primer cuarto. Transcurrían siete minutos en el marcador de un Palacio de los deportes que, ni de lejos se vislumbraba lleno. El técnico blanco, Pablo Laso, pedía tiempo muerto en cancha. Algo estaba fallado en su equipo, no podía creer el 8-18, el máximo parcial a favor de los gallegos en el electrónico. Quizá hasta para los de Moncho Fernández aquello ya era toda una gesta. Cuatro de los cinco iniciales ya habían visto canasta, con mención especial para la dupla Thomas – Bendzius, que se resarcía en la medialuna aprovechando a un Madrid falto de cafeína. Incluso el pívot ucraniano, Pustovyi, se atrevía con un alley-oop, como dando un toque de atención al rival. Aquel era el equipo que esperaba la afición compostelana y aquella podría ser la señal que indicara que el Obradoiro todavía podría aspirar a un hueco en el ‘playoff’. Algo así como un símbolo de esperanza.

Lucha entre Tavares y Pustovyi en canasta / ALBERTO ESTEBAN

Qué poco duró la alegría y qué concisas fueron las indicaciones de Laso. Tras aquel tiempo en cancha, sólo le bastaron dos minutos a los locales para devolver el golpe al Obradoiro. Minuto 9, 19-18. El Madrid comenzaba a ser ese equipo al que temen los rivales, el que puede remontar un encuentro en un abrir y cerrar de ojos, impulsado además por numerosos errores en forma de regalo, como el de Pustovyi a Taylor en un saque bajo el aro. Increíble. Además, el público ya comenzaba a ver bajo los focos la competitividad de la que muchos hablaban, uno de los duelos más esperados, entre dos de los grandes taponadores de la liga, Tavares y Pustovyi. El trascurso del tiempo hizo, sin embargo, que se asimilase más a una desequilibrada ‘pachanga’ entre conocidos que a una auténtica guerra de gigantes (2,20 y 2,18, respectivamente), que acabaría ganando, por cierto, el de Cabo Verde (3-0). Aquel primer cuarto prometía demasiado (19-18).

Una batalla sin líder

La intensidad con la que se disputó ese primer cuarto, dejó secuelas en un banquillo gallego que necesitaba de todo su arsenal para sobrellevar el encuentro. Y es que, en el minuto 9 y, de total improvisto, Pepe Pozas (hasta entonces hizo 3 asistencias) sufrió una caída en un cuerpo a cuerpo con Ayón (y también Taylor) bajo el aro, por el que tuvo que retirarse al momento y con el que más de uno se echó las manos a la cabeza. Un golpe seco de espaldas contra el suelo en una jugada que, sin pausa por parte del colegiado, sentenció Carroll desde el perímetro. Quedaba suficiente tiempo de reacción en el vestuario del Obradoiro, pero el ver al malagueño, dolorido y sujetando una bolsa de hielo en su espalda, sin duda, caló en el juego del equipo.

Pepe Pozas recibe un golpe al caer al suelo y se ve obligado a retirarse / ALBERTO ESTEBAN

Juego de errores

Confusión y desacierto fueron las palabras que definieron el segundo cuarto y, si cabe, quizá el resto del partido de los de Moncho  Fernández. Se les acabó la gracia. Apostando por una contundente defensa, a veces demasiado agresiva, como en la falta de Thomas a Rudy que ocasionó tres tiros libres a favor del mallorquín, se les olvidó atacar. Sólo cabe mirar de reojo el parcial de 21-14 que poco tenía que ver con lo hecho hasta ahora. Sólo resultaron destacables una habilidosa canasta de Llovet fintando a Felipe Reyes y algún que otro tiro de Radovic, que, junto a Spires (acabó con 7 puntos) parecía en único dispuesto a tirar del carro. Llegaba el descanso, 40-32. Todavía restaba tiempo suficiente para la mejora.

Pustovyi, Llovet y Thomas se retiran en el descanso / ALBERTO ESTEBAN

El hundimiento

Lo que comenzó como una película de acción, acabó por convertirse en todo un drama, una tragedia. Poco más cabe que decir de un tercer cuarto en el que los jugadores del Obradoiro ploraban porque acabara. El encargado de empezar la barbarie madridista fue, precisamente, una cara conocida del equipo, Yusta, que tantos buenos momentos protagonizó en Santiago. Los de Laso se dejaron de rodeos y fueron a sellar esa plaza en ‘playoff’, que les daría la tranquilidad de poder tener cierto margen de error en ACB ante un exacerbado calendario de Euroliga. Ayón y Carroll, entre otros, no dejaron soldado con cabeza en cancha, apoyados por alguna delicatessen del joven Doncic en forma de bandeja y, también, por una sarta de acciones sin sentido del Obradoiro. Triples fallados (Corbacho, Radovic…), balones perdidos y faltas y más faltas. Se bastaba el rival con un inexperto Radoncic ante la confusión en la estrategia gallega. Poco más que añadir ante un parcial de 22-10, en total 20 abajo (62-42), que hundió al equipo.

Radovic y Ayón pelean por un balón / ALBERTO ESTEBAN

 

¿Queda espacio para la fe?

Sin tregua y tirando de galones, Carroll seguía a lo suyo, con 3/3 en triples y 4/6 de dos  (17 puntos), antes de disputar el último cuarto (cerró con 22). Para hacerse a la idea, sólo su cifra anotadora suponía más de un 40% de la del total del Obradoiro. Aunque, por suerte para los gallegos, se atisbaba cierta cordura en el equipo, al intentar hacer sudar al Real Madrid con un balance ofensivo-defensivo equilibrado . Similar al del primer cuarto, incluso superior. Un gran parcial de 12-23 cerró un círculo imperfecto. Gracias al carácter de un Radovic que peleó hasta el último balón y afinó la muñeca cara al aro. El ala-pívot montenegrino cumplió, en nombre del equipo, superando su media de valoración (14 frente a 8.2, fue el más valorado del Obradoiro) y autodeclarándose director del juego gallego. Junto al ‘22’, Bendzius, los de Moncho Fernández devolvieron la dignidad que perdieron en el tercer cuarto. Por ellos y por todos sus compañeros. El Madrid cumplió, así (78-65), su misión: ser el primero en clasificarse para los ‘playoff’. El Obradoiro, por su parte, cerró un poco más su abanico de posibilidades para clasificarse en el mismo. Asentado en el 12º lugar de la tabla y, restando sólo 6 jornadas de liga regular, se alejan a 4 victorias del punto de inflexión, el Montakit Fuenlabrada, (8º), aunque en el vestuario todavía parece demasiado pronto para perder la fe.

Radovic lucha por encestar al final del partido / ALBERTO ESTEBAN

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