Seguid yendo al fútbol los domingos

MARINA RIVAS / MADRID

Seguid yendo al fútbol los domingos. Total, aquí no os perdéis nada. Los duelos siguen siendo los de siempre y donde siempre. Un nuevo Real Madrid-Barça. De esos que se deciden en los últimos cuatro segundos, a golpe de faltas y jugadas de aquella manera ensayadas y en los que ninguno está dispuesto a perder. Empate a 45 antes del descanso, a 52 en el primer parcial del tercer cuarto, luego a 61, a 72… Nada más allá de lo común. Era el momento idóneo, con el parón de selecciones de por medio, todas las miradas estaban puestas en este cruce. El otro Clásico, el del baloncesto. Así debió haber sido, así debería ser y así no fue. Esa es la realidad de este deporte en España. Por muchos intentos de fichajes estratosféricos que se hagan (para aparentar ser quizá, algo más similar a la NBA), el baloncesto siempre quedará relegado un puesto por detrás del fútbol.

Doncic lucha por un balón bajo el aro / Fotos: web oficial Real Madrid

Pero no importa, porque la intensidad seguirá estando presente, como siempre, como cada Clásico. Todo el Palacio volvía a estar predispuesto como un circo romano, que levantaba los puños en favor de su equipo y que abucheaba cada patinazo de los de Sito Alonso. Ejemplo de ello, una pérdida de balón de Heurtel quien, dispuesto a lucirse, falló estrepitosamente generando una risa que derrumbaba molinos. No podía volver a pasar. Siguiendo con las grandes novedades, el niño prodigio del Palacio, un tal Luka Doncic, volvió a ser el mejor, con 20 puntos (el máximo del partido) y 19 de valoración. Pero da igual, tampoco os perdéis tanto viéndole jugar. Con sus dotes de líder a pesar de sus 18 años y sus canastas imposibles gracias a los periplos de Campazzo por toda la cancha, que satisfacían los antojos de esta joven deidad.

Si Juanito hubiera jugado al baloncesto, estos 40 “minuti” le hubieran parecido más que “molto longo”. El tiempo pasaba y la creatividad del Madrid comenzaba a tambalearse ante el físico del banquillo del Barcelona, con recambios como Claver, que no llegó ni a jugar. En una lucha de gigantes, cualquier fallo te hace frágil y los de Laso acumularon varios, sobre todo, desde el perímetro. Pero no cayeron, no hasta el final. El Barcelona ganó, 80-84, en el último aliento y ante la sorpresa de muchos. Pero no es para tanto. Aquí todos se caen y nadie se resiente. Te levantas, te obligas a ganar y, si no, luego sabes que habrá una bolsa de hielo esperándote en el vestuario, como si te acabaran de dar una patada. Sensaciones. Nada del otro mundo. Mientras, vosotros, seguid yendo al fútbol los domingos, que ya disfrutaremos nosotros de este espectáculo.

 

Click aquí para ver las estadísticas completas del partido. Datos proporcionados por la ACB.

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